El desierto de Paracas

Reserva nacional de Paracas

Este entorno natural es uno de los más conocidos del país entre los extranjeros que viajamos a Perú. Su  mayor singularidad reside en la fauna que alberga enmarcada en un entorno desértico que se encuentra con el inmenso océano.

Camino de Paracas

Nos hemos levantado temprano para recorrer las casi 2 horas de carretera, hacia el sur, que nos separan de este enclave protegido. Conviene madrugar y viajar con temperaturas frescas. Más tarde, el sol abrasará, las embarcaciones para la visita turística estarán repletas y los aparcamientos completos.

En el Malecón de Paracas
En el Malecón de Paracas

El embarcadero oficial para la visita a las islas.

Llegamos a primera hora de la mañana, sin embargo, las instalaciones donde comprar los pasajes y el pantalán frente al embarcadero ya están animadamente poblados de turistas, como nosotros, deseosos de comenzar la travesía.

Esperando a embarcar rumbo a las Islas Ballesta, con Cone, José y Mary.

Los pasajes son algo caros, como lo son en general todos los lugares turísticos del Perú, pero bien merece la pena pagarlo, como poco, una vez en la vida.

 

Islas Ballestas

Varios archipiélagos de peñones pequeños, y deshabitados por el hombre, constituyen las que comúnmente se conocen como Islas Ballesta. Dependiendo del estado de la mar y los vientos, las embarcaciones turísticas ofrecen la visita a unos u otros islotes.

La travesía en barco y el Candelabro

Nada más dejar atrás el embarcadero, disfrutamos de la brisa fresca y la hermosa panorámica de las coloridas barcas de pescadores, todas ellas con «Pisco» escrito en su popa.

Barcas de pesca en la playa de Paracas
Barcas de pesca en la playa de Paracas

Una vez ganamos mar abierto, las instalaciones del puerto industrial para grandes cargueros «Terminal portuaria Gral. San Martín» aparecen a nuestra izquierda hasta que doblamos la Punta de Pejerrey y nos acercamos a la empinada costa sobre la que se divisa, imponente, el gran petroglifo de El Candelabro.

Petroglifo del Candelabro, visto desde una lancha.
Petroglifo del Candelabro, visto desde una lancha.

La lancha se detiene durante unos minutos. El piloto nos describe los detalles arqueológicos de esta maravilla antigua. Todos nos acercamos a las bordas de la embarcación para poder contemplar y fotografiar la fascinante e inmensa formación.

Petroglifo de El Candelabro
Petroglifo de El Candelabro

Pasados los minutos, viramos hacia el noroeste rumbo a nuestro siguiente destino: los islotes vírgenes de las Islas Ballesta.

Rumbo a las Islas Ballesta.
Rumbo a las Islas Ballesta.

Fauna en las islas del guano

Lo primero que nos encontramos al aproximarnos a los peñascos son las oscuras moles de los leones marinos que descansan, ajenos a nuestra visita, tumbados sobre las crestas, al sol. A penas levantan la cabeza y miran con indiferencia hacia la embarcación cuando nos acercamos a ellos.

Leones marinos en las Islas Ballesta
Leones marinos en las Islas Ballesta

Los contemplamos por unos minutos y reanudamos la marcha para acercarnos, más aun, a la pared rocosa de la isla y así poder distinguir las aves que, por centenares, se apiñan en cada oquedad. El guía nos enumera las distintas aves poniendo especial interés en los pelícanos y los pequeños pingüinos de Humboldt.

Pelícasnos, albatros, pingüinos de Humboldt llenas las Islas Ballesta
Pelícasnos, albatros, pingüinos de Humboldt llenas las Islas Ballesta

La riqueza pesquera de las frías aguas oceánicas que bañan las islas proporciona una abundante alimentación a la gran cantidad de aves que la habitan. Estas, a su vez, proveen al los archipiélagos de una gran fuente de ingresos, anterior a la del turismo. Esta otra abundancia se trata del guano, es decir, los excrementos que, por toneladas, producen el mejor fertilizante natural usado desde la antigüedad.

Las aves de las Islas Ballesta tiñen de blanco, con su guano, las rocas.
Las aves de las Islas Ballesta tiñen de blanco, con su guano, las rocas.

A día de hoy, la industria del guano sigue explotando estas islas y otras muchas más de la costa peruana, compaginando su uso con el creciente el turismo.

De vuelta, hacemos parada en una boya perfectamente conocida por los leones marinos y por los guías turísticos. Dos enormes animalotes nos miran con una simpática mueca de pereza mientras amenizamos su descanso.

Leones marinos descansando en una boya frente a la Península de Paracas
Leones marinos descansando en una boya frente a la Península de Paracas

Paracas

En la población costera asentada frente a la reserva, se entremezclan las barriadas de la población pescadora, los trabajadores de las dependencias portuarias, industriales y de los servicios hosteleros y turísticos, con los complejos hoteleros y residenciales de lujo.

 

Esta localidad es, a día de hoy, uno de los enclaves de referencia para el turismo de ‘resort‘ así como de deportes de aventura.

Paseando por el malecón.

En el paseo junto al mar suena la música. Unas negras bailan animadamente al son la guitarra y las cajas.

Negras bailando junto al embarcadero de Paracas
Negras bailando junto al embarcadero de Paracas

Más allá, el mercadillo de artesanías, camisetas, gorras, pulseras y los puestos de comida callejera animan la zona.

El mercadillo junto a la playa, en el Malecón de Paracas
El mercadillo junto a la playa, en el Malecón de Paracas

Nos sentamos a almorzar en una terraza frente a la playa. La comida, como siempre en Perú, deliciosa. El calor ya es fuerte y la mañana está bastante avanzada. Es momento de continuar. José nos comenta que las colas de acceso al puesto de control de la reserva son kilométricas y hay que apurarse antes de que cierren.

De camino al acceso a la Península de Paracas
De camino al acceso a la Península de Paracas

La península de Paracas

Tras una larga cola de casi 1 hora conseguimos entrar a la reserva natural. Mientras esperábamos, hemos visto salir decenas de boogies y quads de las pistas que se adentran al solitario desierto.

Ya dentro, la carretera rodea la imponente planicie de arenas doradas que, elevada sobre la costa, conforma la península de Paracas.

Planicie desértica en la Península de Paracas
Planicie desértica en la Península de Paracas

Museo Sitio Julio C. Tello.

Llegamos a este museo (lo que denominaríamos en España un ‘Centro de interpretación’, término que siempre me ha parecido presuntuosamente tonto) que muestra los interesantes restos arqueológicos recuperados de la civilización Paracas, que da nombre a esta región.

Entrada al Museo Sitio Julio Tello, en la Península de Paracas
Entrada al Museo Sitio Julio Tello, en la Península de Paracas

Merece la pena su visita. Maquetas, fotografías, prendas de vestir, herramientas, utensilios de cocina, rituales y un largo etcétera, junto con momias reales y reconstrucciones de enterramientos, permiten conocer perfectamente esta cultura.

Momia en el Museo Sitio Julio Tello de Paracas
Momia en el Museo Sitio Julio Tello de Paracas

Amplias explicaciones en paneles ayudan sobradamente a comprender la riqueza de todo lo allí expuesto.

Replica de un enterramiento en Paracas. Museo Sitio Julio Tello.
Replica de un enterramiento en Paracas. Museo Sitio Julio Tello.

Comiendo junto al mar

El necesario descanso llega en forma de deliciosas conchas junto al océano en la sencilla y agradable terraza del Restaurante Inti-Mar. Allí hemos quedado con Micha y Piero, una divertida pareja con la que compartiremos el resto del fin de semana y de los que nos llevamos un estupendo recuerdo.

Terraza del Restaurante Anti-Mar en Paracas
Terraza del Restaurante Anti-Mar en Paracas

Probamos varias preparaciones a base de marisco, especialmente vieiras, y solo puedo decir que todas ellas me encantaron. Comimos, reímos y charlamos un largo rato hasta decidir regresar, pasando por Chincha para merendar.

Camiones cerca del Puerto industrial de Paracas
Camiones cerca del Puerto industrial de Paracas

De regreso, por Chincha, hacia Playa Bonita.

Durante el camino de vuelta nos adentramos desde la costa algunos kilómetros, recorriendo zonas más rurales. Atravesamos poblaciones más rústicas, desordenadas y muy bulliciosas. Cientos de ‘toritos’ llenan las vías. Negocios con luces de colores, aceras abarrotadas de gente, familias en los parques….

Los 'Toritos' son moto-carros que hacen las labores de taxi barato en las zonas rurales más humildes de Perú
Los ‘Toritos’ son moto-carros que hacen las labores de taxi barato en las zonas rurales más humildes de Perú

Llegamos a El Batán, un agradable restaurante conocido de nuestros anfitriones donde tomamos algo de picar y unos riquísimos postres. Con la barriga llena y cayendo ya la noche, ponemos rumbo a Playa bonita.

 

Icono Restaurante Donde comer:

Restaurante Inti-Mar: (Reserva Nacional de Paracas). XXXX.

El Batán Restaurant Gourmet: (Chincha). XXXX.

 

 

Icono Ruta Ver también (de este viaje):

Barra Separadora Moto

 

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