Miraflores.
Se trata de uno de los barrios más privilegiados económicamente de la capital peruana. Con sus calles exquisitamente ajardinadas, muy bien urbanizado, limpio, cuidado, y su enorme oferta de ocio, gastronómica, hotelera y de servicios, hace de este distrito, quizás, el más atractivo de esta inmensa urbe.

Las modernas torres de decenas de pisos se asoman a los acantilados que se alzan desde el Océano Pacifico, con una inmejorable orientación hacia la puesta de sol.
El malecón y la costa verde.
Un malecón de kilómetros de varios kilómetros, que va tomando distintos nombres, recorre el borde de la pared pétrea que se eleva varias decenas de metros desde la costa, situando el nivel urbanístico de la ciudad sobre una meseta llana. Los acantilados se encuentran predominantemente cubiertos de vegetación, de ahí su nombre de Costa Verde.

Todo el malecón está exquisitamente urbanizado y ajardinado, lleno de árboles, flores, grama, miradores y con cientos de bancos donde sentarse a disfrutar de la brisa fresca en la mañana, el bullicio diario y la hermosa puesta del sol sobre el océano.

Por todo ello, resulta un entorno muy concurrido desde las primeras horas del día y hasta bien entrada la noche por toda tipo de personas: niños, deportistas o visitantes y vecinos.

Nos cuentan nuestros amigos José y Cone, que en los días que siguieron al confinamiento por la pandemia del Covid, aquel fue su lugar de esparcimiento y ejercicio. Imagino lo especial que debió de resultar caminar por este paseo en aquellas fechas de restricciones.
Larcomar
Algunos de sus puntos neurálgicos son el Centro Comercial Larcomar, casi ‘esculpido’ en el propio acantilado, con multitud de restaurantes y cafeterías mirando a la puesta de sol. Completan la oferta las tiendas de ropa, ópticas, cosas para casa y toda clase de mercaderías, así como salas de cine.

Cone nos comenta que, aunque inicialmente fue algo discutida su construcción por motivos ambientales, ahora se ha convertido en uno de los lugares más populares del distrito.

No muy lejos de aquí, están a punto de finalizar las obras de un teleférico que conectará playa Redondo con el Malecón, salvando el enorme desnivel de la Costa Verde.
Por la noche, cualquiera de los miradores ofrece una hermosa vista de la ciudad iluminada bajo la cual, las luces del tráfico dibujan la costa.

Parques de los Enamorados y Kennedy.
También son muy populares el Parque de los Enamorados, de controvertida estética en su tiempo, o el Parque Kennedy, quizás el más concurrido e importante del distrito, lleno de gatos y casetas donadas por distintos países para el acomodo felino.

Visitamos en la noche primero el de los enamorados. El lugar es muy agradable y, por un momento, la similitud estética de algunos de sus elementos decorativos nos trasladaron al Parque Güell de Barcelona.

Desde allí caminamos al Parque Kennedy. Una multitud abarrota sus paseos en la cálida noche limeña. Decenas de gatos pueblan los jardines y se acercan a los viandantes. Las puertas de la iglesia están abiertas de par en par mientras ofician la misa. Puestos callejeros de artesanías, comidas y bebidas, … ¡Todo es animación!

Desde allí caminamos hasta un cercano restaurante, Bruto, donde probamos unos cuantos platos de autor, con base en la afamada cocina peruana.
Sitio arqueológico Huaca Pucllana
Los restos de un enorme recinto ceremonial construido con ladrillos de adobe formando pirámides irregulares sobresalen de entre los modernos edificios de la barriada que lo rodea.

Me sorprendió saber que hasta hace escasamente poco más de dos décadas, este recinto arqueológico era una enorme montaña de arena esperando a ser excavada para liberar su tesoro interior.

Barranco, barrio bohemio.
Separado de su vecino Miraflores por la Quebrada de Armendáriz, el distrito de Barranco cuenta igualmente con un bonito malecón sobre el acantilado.

Más allá, donde el paseo se interrumpe, llegamos al entorno de la bajada de Baños, el área más bohemio y tradicional de la barriada.
El Puente de los suspiros.
El puente de madera, que en los de días mi visita se haya completamente cubierto a causa de las obras de mantenimiento, se encuentra junto a las ruinas de la histórica Ermita de Barranco, capilla del siglo XVIII reconstruida tras la Guerra del Pacífico.

Construida en quincha (entramado de madera o bambú que se rellena con una mezcla de barro y fibras vegetales, como paja) de estilo tradicional y actualmente una ruina en rehabilitación.

Mi anfitrión José, bromea con el estado de la obra, diciéndome que ya hace un tiempo remodelaron el cartel de anuncio de la rehabilitación. Al pie, arranca la Bajada de Baños.
Bajada de Baños.
Se trata de la barriada más pintoresca y turística del distrito. Antiguamente, bajo el Puente de los Suspiros, pasaba el camino que descendía hacia las casas de baño que, sobre pilotes de madera, soportaban balnearios edificados sobre las aguas oceánicas.

A día de hoy, es una barriada de empinadas calles peatonales con casas tradicionales con zaguanes, muchas de ellas ocupadas por bares, restaurantes, galerías de arte y comercios de artesanías, etcétera.

Empinadas calles en cuesta y escalinatas, con graffitis, elementos artesanos y terrazas que combinan lo rústico y antiguo con lo mas refinado, completan ese ambiente bohemio que se respira en el centro del distrito.

Chabuca Granda.
La popular cantante tradicional peruana tiene en este entorno un jardín con una estatua, un mural y varias placas de reconocimiento que aluden a su relación con el cercano puente.

Plaza de Armas parque municipal de Barranco.
En el corazón del barrio se encuentra amplia plaza, agradablemente ajardinada, alrededor de la cual se sitúan mercadillos, la biblioteca, museos, dependencias municipales y la Iglesia de Santa Cruz.

Avenida Almirante Miguel Grau, Avenida San Martín y Boulevard Sánchez Carrión.
Tanto en estas calles como en las que convergen con ellas, se agrupan buena parte de los establecimientos hosteleros más interesantes y animados del distrito, así como mercados de abastos, galerías de arte y toda clase de comercios.

Áreas más populares.
Caminando algunas manzanas hacia el interior de la barriada, se respira un ambiente más popular y sencillo. Negocios modestos, restaurantes de comida criolla, y mercados que me recuerdan a los de otros tantos lugares de Hispanoamérica que tanto me gusta recorrer.

No me resisto a la tentación de entrar a curiosear este de nombre El Capullo… bromas aparte. Más allá, las tranquilas calles están desiertas bajo el cálido sol del mediodía.

Museo Larco
En el barrio de Pueblo Libre se encuentra este interesantísimo museo privado que alberga una de las colecciones más completas y mejor expuestas de restos correspondientes principalmente a las 26 civilizaciones prehispánicas asentadas en todo el Perú.

La finca completa la oferta, además, con un fantástico restaurante en el jardín aledaño, de exquisita comida peruana, en el que almorzamos tras la visita.

Donde comer:
Bruto: (Miraflores). Restaurante de cocina peruana de autor. En el corazón del barrio, cercano al Parque Kennedy.
Restaurante de la Huaca Pucllana: (Miraflores). Agradable terraza junto al sitio arqueológico. Cocina tradicional y platos sencillos.
La Perlita: (Barranco).
Restaurante del Museo Larco: (Pueblo Libre). Cocina peruana y de autor, en un hermoso entrono con distintos comedores y terrazas.
