Océano Pacífico peruano. Costa central.
De los cerca de 3000 kilómetros de costa oceánica que bañan el Perú, el tramo que se extiende entorno a Lima / El Callao se encuentra en el centro casi equidistante de ella. Se trata de una costa desértica, rica en fauna, e influida notablemente por la Corriente de Humboldt.
Desde Miraflores (Lima) hacia Playa Asia.
Serán varios los viajes que haremos en esos días por la Panamericana y gracias a ellos podré ver los muchos contrastes del Perú, que a lo largo de la ruta se irán mostrando ante mis ojos.

La salida por la Playa de los Pescadores.
Cogemos carretera por la Costa Verde en dirección sur, recorriendo las distintas playas populares que se suceden al pie de Barranco. Vamos pasando por las playas de Makaha, Redondo, La Estrella, Las Cascadas, hasta llegar a la Playa los Pavos, desde la que un nudo de carreteras nos aleja de la costa y nos dirige hacia una vía que comencemos a ascender dejando el puerto de los pescadores abajo, a nuestra derecha.

Poco después, la vía se a adentra entre barriadas más populares, y populosas, con un tráfico denso y desordenado al que, poco a poco, vamos dejando atrás conforme se aleja la gran ciudad.

Atravesando el desierto, por la Panamericana en dirección sur.
Fuera de las áreas pobladas, el paisaje de esta zona del Perú es el de un desierto que se extiende hasta la costa oceánica, interrumpido por los puntuales ríos con vegas agrícolas que provienen de las altas montañas que se dibujan en el horizonte.

También salpican el paisaje multitud de granjas avícolas, instalaciones industriales y humildes poblaciones de casitas muy básicas, muchas de ellas de adobe y, en general, por todo lo que el hombre a podido arañarle a su arena.

Junto a la costa, las urbanizaciones privadas de veraneo, bien edificadas, urbanizadas y ajardinadas, se suceden compartiendo proximidad con las aldeas locales más precarias, amalgamando dos mundos completamente contrapuestos.

Estamos a final de verano, pero aun el calor es intenso. La Panamericana discurre flanqueada por innumerables puestos de comida, frutas, bebidas frías, helados y talleres de reparación de vehículos. En el arcén, chicas con banderolas reclaman la atención del viajero hacia sus negocios bajo un implacable sol.

Como en toda Hispanoamérica, las carreteras son un constante fluir de vida, sea cual sea el paisaje y entorno. El largo rato que pasamos en ruta, entre idas y venidas, da para que José me cuente muchísimas cosas que enriquecen mi conocimiento del Perú y, más en general, de todo este continente tan parecido a mi tierra y, a la vez, tan distinto.

Por el camino…
Un pequeño imprevisto nos obligó a detenernos por un rato en una estación de servicio. En frente, una inmensa duna desértica se eleva algunos centenares de metros. Al pie, la enorme planta cementera se extiende pegada a la vía. En la cumbre, viviendas muy humildes salpican su perfil y la zona alta de la ladera.

La hora de comer nos coge cerca de Punta Hermosa. Paramos en un restaurante que conoce mi amigo y pruebo el afamado ceviche peruano, acompañado de una causa de mariscos. La comida es deliciosa.

Después, caminamos por la zona residencial cercana, junto a la Playa de Caballeros, hasta el mirador y el monumento a Sofia Mulanovich, surfista local que llegó a ser campeona del mundo en 2004.
Tras el paseo, volvemos a coger carretera para llegar a destino antes del atardecer. La puesta de sol nos alcanzará tomando un café en el malecón de Playa Bonita.

Playa Bonita, Asia.
Asia es el nombre de este distrito, de entre los dieciséis que conforman la provincia de Cañete, ubicada en el departamento de Lima.
Nos encontramos en el centro de la extensa costa pacífica del Perú, a 110 kilómetros de Lima, unas 2h de viaje por el denso tráfico de la Autopista Panamericana. Si viajáramos hacia el sur, tendríamos 1150 Km y 18h por delante hasta llegar a la frontera con Chile. Si lo hiciéramos hacia el norte, 1400 Km y 24h nos separarían de la frontera de Ecuador. Comento con José que esa distancia me colocaría, desde mi casa, en el centro de la Unión Europea.
Playas vírgenes y bandadas de aves.
Playa Bonita es una hermosa zona residencial asentada en mitad de una anchísima playa de más de una decena de kilómetros de fina arena blanca. El ambiente es tranquilo en estos días de finales de marzo, cuando el verano peruano está terminando.

El buen tiempo, sin embargo, hace que aun queden ocupadas muchas de las hermosas casas de recreo, todas blancas y exquisitamente ajardinadas.

Nuestros días transcurren paseando durante la mañana por la playa, bañándonos en el agitado océano y disfrutando del vuelo de miles de aves que casi rozan nuestras cabezas en enormes bandadas.

Es un espectáculo que, tanto a Mary como a mí, nos tiene fascinados. Nunca habíamos visto tantas aves juntas.
Días de vida dulce con amigos.
José, con su carácter calmado, cercano y su amable conversación, nos acompaña largos ratos de caminata y nos va contando cantidad de anécdotas.

Nos habla de los pájaros, de como se alimentan de muy-muy, un pequeño crustáceo que se entierra en la arena. Nos presenta a sus amigos y conocidos, con los que almorzamos en las terrazas.

Las tardes y noches compartimos, junto con José y Cone, las visitas y cenas de los más allegados. Con cada uno de ellos disfrutamos de un montón de vivencias y conversación. ¡Los días pasan volando cuando la vida es tan agradable!

Demasiado pronto llega el momento de la despedida, pero nos llevamos en el recuerdo a Antonio y su exagerado modo italiano de ver el mundo, a Cecilia y su familia, que con tanta cercanía y cariño nos dio horas de conversación, a Piero y Micha, con los que compartimos excursión en Paracas y muchas divertidas historias que esta extrovertida y cercana pareja saben tan bien contar. Y de tantos otros que conocimos en ese tiempo…

Escapadas cercanas.
La última tarde acudimos al Boulevard de Asia, junto con María José, la hija de Cone y José a la que conocimos en su fugaz visita del fin de semana. Paseamos por las tiendas, cenamos y charlamos antes de despedirnos e irnos a dormir.
Es el último rato que compartiremos con ellos, salvo con José, que a la mañana siguiente nos llevará temprano hasta el aeropuerto. Disfrutamos la velada pero a la vez sentimos la tristeza de despedirnos. Somos conscientes de que les echaremos mucho de menos hasta que, Dios quiera, volvamos a encontrarnos.

Donde comer:
La Casa de Gloria: (Punta Hermosa). Agradable terraza con gastronomía típica peruana.
Boulevard de Asia: (Playa Bonita). Área comercial con multitud de restaurantes de todo tipo.

