Cuzco
Fue la capital del Imperio de los Incas hasta la llegada de los españoles, que hacen de ella la capital y sede del gobierno imperial del Virreinato del Perú, convirtiéndola en la ciudad más importante de los Andes y una de las de mayor importancia de América del Sur, así como en principal foco cultural y religiosa del continente.

Desde 1983 todo su centro histórico es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
La Plaza de Armas y su entorno.
Nada más instalarnos salimos a caminar, con la calma necesaria para la aclimatación a la altura que ronda los 3.500 m.s.n.m., hasta toparnos con la imponente Plaza de Armas de Cusco.

Uno de los primeros cambios que percibimos es la gran cantidad de población indígena, ataviada con sus trajes tradicionales, que circula por las calles y plazas, a diferencia de otras zonas del Perú de las que venimos.

Grupos de niños ensayan danzas folclóricas al pie de la imponente catedral. Mujeres con hatillos de artesanías, tirando de pequeñas llamas, ofrecen sus mercaderías a los turistas. Puestecitos de sencillas comidas callejeras, de dulces, la música y mucho color completan la vitalista postal de cada rincón de esta ciudad.

Estamos encantados fotografiándolo todo y tomándonos tiempo para disfrutar de la alegría que nos rodea. En el centro de la plaza, la estatua dorada que representa al Inca Pachacútec, sobre una fuente, sirve también de asiento en el que hacer una pausa.

La Catedral.
Presidiendo desde lo alto la extensa plaza se alza la imponente mole de piedra rojiza. Una escalinata se eleva desde la vía que rodea los jardines centrales hasta el nivel de la puerta principal.

En ella, gentes de toda condición se sientan a contemplar los bailes de los grupos que, ya sea durante el día o bien entrada la noche, ensayan para las fiestas que tendrán lugar en los próximos días.

A su costado derecho se sitúa la Iglesia de La Sagrada Familia, con su curiosa coronación de la fachada. Esta iglesia católica, sobrevivió indemne al terremoto de 1950, aunque el deterioro por falta de mantenimiento del templo la mantuvo cerrada durante tres décadas hasta su restauración, acometida con fondos europeos.

Junto a ella, la pequeña y tranquila Capilla del Santísimo y otras dependencias cerradas, completan el conjunto eclesial.
A lo largo del día, sus campanas marcarán el ritmo de la ciudad, desde la bulliciosa mañana hasta el atardecer y la llegada de la animada noche. Alrededor, en los soportales y balcones, el ritmo lo marca los fogones de los restaurantes.

El Templo de La Compañía de Jesús.
Construida sobre el recinto del antiguo Amarucancha, que fue palacio del Inca Huayna Cápac, el primer templo edificado, de gran belleza y en estilo plateresco, perduró hasta el terremoto de 1650, que lo dañó con tal gravedad que tuvo que ser tuvo que ser demolido completamente. En 1651 comenzó la edificación del segundo templo, mucho más ambicioso, provocó el conflicto con la muy cercana Catedral, al eclipsar en gran medida su protagonismo.

Actualmente, cuando nos sentamos a observar ambos templos desde el centro de la Plaza de Armas, la imponente presencia del templo jesuita contemplamos como rivaliza visualmente con la Catedral de Cusco de manera incontestable.

El barrio de San Blas.
Probablemente el más imprescindible de los barrios a recorrer si se visita Cuzco. En él se agrupan buena parte de los atractivos que esta fascinante ciudad ofrece: Monumentalidad, arte, gastronomía, compras y ocio se entremezclan en sus calles.
Dedicaremos varios ratos de nuestra estancia en Cuzco a caminarlo y tomaremos infinidad de fotos en él, de sus gentes, sus colores, de su hermoso atardecer y nocturnidad.

La piedra de los doce ángulos.
Uno de los más afamados reclamos turísticos de la ciudad. Cercana al Palacio Arzobispal de Cusco, esta enorme roca posee doce esquinas pulidas con tal nivel de precisión que encajan a la perfección con las demás piedras del muro inca que se extiende a lo largo de toda la calle Hatunrumiyoc.
Como es lógico, tanto durante el día como en la noche, la estrecha calle peatonal se encuentra repleta de turistas fotografiándose junto a la piedra. Los vendedores callejeros ocupan los costados de los muros ofreciendo coloristas pinturas, textiles y artesanías andinas. Curioseamos algunas muchas de las cosas que se ofrecen, pero nuestro escaso espacio en el equipaje nos disuade de comprar muchas cosas.

Comercio y restaurantes.
En cada calle de este laberíntico barrio se suceden las tiendas de toda clase de artesanías, las galerías de arte y los talleres de restauración y creación artesana, muchos de ellos de obras marcadamente clásicas y sacras.
Entremezclados, restaurantes de todo tipo de cocinas, desde tradicional hasta internacional o de autor, de todos los precios y para todos los bolsillos y, eso sí, todos de exquisita decoración y cuidada estética, hacen las delicias del viajero en la noche cusqueña.

Ocio nocturno.
Pasear por las estrechas calles peatonales que asciende empinadas por el barrio de San Blas es una de las experiencias más recomendables de Cuzco. La música se funde con los olores y los alumbrados cálidos de los animados locales de ocio, que reflejan sus colores en el pulido empedrado.
Ritmos que van desde los más tradicionales e hispanos hasta el jazz inundan las calles. Cientos de barcitos de los que se escapan las melodías y el bullicio, restaurantes concurridos, patios y terrazas interiores con abundante y exótica vegetación. La oferta es inmensa…

Otros lugares destacados en el centro histórico.
Templo y convento de la Merced.
A tan solo una cuadra de la Plaza de Armas se encuentra la monumental Basílica Menor de La Merced, que bien merece la visita así como su Museo de La Custodia. En su hermoso interior reposan los restos de Diego de Almagro el Viejo, Diego de Almagro el Mozo y Gonzalo Pizarro.
Aprovechamos la misa para entrar al templo y disfrutar, por un rato de la paz que se respira tras de sus muros. No hay mucha gente. Casi parece vacía al dispersarnos en ten amplio espacio.
Plaza Regocijo.
Esta plaza ajardinada, a una sola cuadra tanto de la Plaza de Armas como del Convento de La Merced, alberga puestos de comida, artesanías, ropa y adornos, así como las terrazas de los restaurantes que dan a ella o a sus soportales. Se mantiene animada durante todo el día, hasta bien entrada la noche. En ella también se ubican los interesantes Museo de Arte Contemporáneo de la Municipalidad del Cusco y Museo Histórico Regional de Cusco.

Con el abono turístico que hemos comprado, entraremos en el museo de Arte Contemporáneo. El Histórico regional tendrá que esperar para otra ocasión. La ciudad nos ofrece tanto que nos es imposible conocerlo todo en tan solo unos días.

Plaza de San Francisco y Arco de Santa Clara.
Continuamos caminando una cuadra más al suroeste se llega a la también espaciosa y ajardinada plaza de San Francisco que toma su nombre de La Iglesia y Convento de San Francisco de Asís.
La música suena. Hombres y mujeres indígenas danzan ataviados con sus vistosos trajes tradicionales. Pasamos por el Arco de Santa Clara hacia la calle del mismo nombre, donde se asienta la Iglesia y Convento de Santa Clara de Asís.
Dejando atrás este, el número de turistas que nos encontramos por la calle disminuye y la inmensa mayoría de gente que nos cruzamos es andina. Los niños, con sus elegantes uniformes de colegio, inundan las calles al medio día.

Miradores.
Los dos miradores más afamados en la ciudad son el Mirador de San Cristóbal y el Mirador de San Blas. Mientras el primero es más recomendable visitarlo durante el día, a primera hora de la mañana cuando las energías para subir hasta el están aun intactas, el segundo bien merecen una visita nocturna que permita contemplar la ciudad iluminada a sus pies.

Nos cuesta trepar las empinadas calles. De poco en poco paramos a tomar unas fotos, recuperar el aliento y, ocasionalmente, cruzar unas palabras con las mujeres indígenas que desde bien temprano preparan sus puestecitos de comidas y bebidas.

Todos hablamos la misma lengua, pero la diferencia de entonaciones y acentos nos obliga a estar muy atentos a la conversación para poder comprender todo lo que, con mucha amabilidad y dulzura, nos cuentan, porque si algo hay que señalar es que la gente es muy sencilla y a la vez muy cercana de trato.
Calle 7 Borreguitos y Acueducto de Sapantiana.
Cercana al Mirador de San Cristóbal se encuentra esta Calle 7 Borreguitos es una pequeña y estrecha callecita empedrada de mestizaje cultural entre el legado incaico con la influencia virreinal española.

Dicen toma su nombre en la época virreinal, cuando siete pequeños borreguitos eran los únicos habitantes del lugar, propiedad de un antiguo convento cercano. Con el paso de los años, el nombre arraigó perdurando hasta nuestros días.

Continuamos la caminata hasta llegar al Acueducto de Sapantiana, una impresionante obra de ingeniería hidráulica de la época virreinal (s.XVII) levantada sobre el río P’ujru. Impulsada los Jesuitas y el cabildo de Cusco, fue construida en arcos de cuatro niveles y transportó el agua tomada del manantial Marani hasta 1950.

Mercado de San Pedro.
Se trata del mercado más antiguo de la ciudad y también el más autóctono. Visita indispensable para los viajeros, como es mi caso, enamorados de los colores, sabores y olores que estos concurridos lugares ofrecen al visitante y al objetivo de su cámara.

En sus puestos abarrotados encontrarás alimentos y productos nativos, souvenirs, prendas hechas con fibras de alpaca y llama, y por supuesto, puestos de jugos (zumos), de comidas populares y con precios muy económicos, aunque no recomendables para todos, Aquí, todo es más barato que en otros lugares de la ciudad.

Si en tu visita decides probar algún jugo, un clásico que hay que probar es el Especial, que combina jugos de diversas frutas con maca, polen, miel, algarrobina, huevo, leche evaporada y, ¡una cerveza! Mejor si lo pruebas por la mañana ya que es una bomba de energía.

Junto al mercado se sitúa la estación de trenes de San Pedro, La Iglesia del mismo nombre y no muy lejos, el Mercado de Casccaparo, también muy recomendable.

Y además …
El Qorikancha (en Quetchua).
Fue el templo más importante durante el Imperio incaico, cuyos muros todavía son visibles dentro de la estructura actual, aunque ha llegado muy poco hasta nuestros días.

La boleta turística nos da acceso al sencillo museo que se encuentra bajo su explanada. Lo visitamos para conocer algunas pinceladas de su historia, aunque no es muy didáctico, a mi parecer. Con las últimas luces del día salimos a la explanada natural y nos sentamos a descansar del ajetreo de la jornada. Huele a la hierba recién cortada.

En la avenida, las camionetas pasan recogiendo a las indígenas que ya han recogido sus mercaderías. Otras, aun continuarán largo rato más, sentadas en las aceras, con la esperanza de una última venta. Algunas acompañadas de sus pequeñas llamas blancas, reclamo para el turista, continuarás allí, horas después, cuando volvamos de ver el espectáculo folclórico que nos espera en una sala no muy lejos de aquí.
Representación de música y danzas tradicionales del Perú
En un auditorio cercano, un espectáculo de algo más de una hora nos muestra los distintos bailes tradicionales, músicas e indumentarias de las regiones. Disfrutamos mucho de la representación, con un regusto algo antiguo, pero interesante, colorista y muy divertido igualmente.

[Nota] Cusco se usa con preferencia en Perú y «Cuzco» es la más extendida en el resto de países hispanohablantes
Donde comer:
- Morena: (Cuzco). Cocina peruana y de autor. Hermoso y elegante restaurante, muy buen servicio y presentación de platos, Precio medio-alto. Es recomendable reservar con antelación.
- Chicha: (Cuzco). Cocina peruana y de autor.
- KION: (Cuzco). Cocina asiatico-peruana.
- La bodega 138: (Cuzco). Pizzas.
- Chull’s: (Cuzco)
- Florencia y Fortunata: (Cuzco) Café (especialidad)
- Three Monkeys: (Cuzco) Café (especialidad)
- Café Ayllu: (Cuzco) Café (sanguches)

Diego de Almagro el Viejo.
Conquistador español que participó en la conquista de Perú después de la captura de Atahualpa, y también en la conquista de Ecuador, donde fundó San Francisco de Quito. Se le considera el primer español en llegar oficialmente a Chile; fue también el primer europeo en llegar al actual territorio de Bolivia.