El Valle Sagrado de los Incas

Recorriendo el Valle Sagrado de los Incas

Dejando atrás la gran ciudad de Cuzco para adentrarnos en los Andes, el ambiente cambia por completo. Viajaremos entre altas montañas, atravesando aldeas y pueblos sencillos, rústicos, rodeados de una imponente naturaleza.

Saqsaywaman

Este importantísimo conjunto arqueológico es el único al que puede llegarse desde Cuzco a pie, después de una exigente caminata de ascenso desde la ya elevada capital Inca y Virreinal.

Este lugar es uno de los espacios histórico culturales más importantes del Perú y de América. Su extensión, estado de conservación y privilegiada ubicación hará que nos tomemos buena parte del día en visitarlo.

La fortaleza inca.

Las imponentes murallas de Sacsayhuamán están construidas principalmente con bloques gigantes de piedra. Recorreremos todas y cada una de las dependencias, subiendo por caminos y escalinatas, tomándonos continuos descansos dada la altura, a la que aun estamos aclimatándonos, y el calor según avanza la mañana.

Comenzamos caminando por sus murallas en zig-zag, donde se emplearon las piedras más grandes para su construcción y que resultan imponentes para el visitante.

Llegamos hasta llegar a las tres puertas trapezoidales (Ajawanapunku, T’iopunku y Wiracochapunku.) que dan acceso al interior de la ciudadela, por la que entramos para ascender a los restos de sus torres y atalayas.

Más allá, en un collado frente a la ciudadela, se encuentran las estructuras de El trono del Inca, la Suchuna o Resbaladeras y Las Chincanas o Túneles que son pasadizos subterráneos de origen natural. Existen tres, aunque tan solo uno está abierto al publico, las otras dos fueron selladas a inicios del siglo XXI sin haberse logrado recorrer por completo.

En este lugar se sucedieron en 1536 una serie de batallas relacionadas con el «Sitio de Cuzco» entre los ejércitos cuzqueños (incas leales a Manco Inca) contra las fuerzas aliadas conformadas por españoles, sus tropas de indígenas auxiliares y nobles incas contrarios a Manco Inca. El resultado final, tras meses de asedio, se decantó del combinado hispano-indígena.

Sus leyendas hablan las Chincanas, una red de oscuros túneles subterráneos donde muchos exploradores se perdieron buscando un tesoro oculto. También cuentan la historia del mítico Cahuide, un valiente guerrero inca que prefirió saltar al vacío antes que rendirse a los españoles.

Según los escritos del cronista mestizo, el Inca Garcilaso de la Vega, algunos historiadores señalan que esta fortaleza también fue dedicado al Dios Rayo o Illapu (en el idioma Quechua), por las formas zigzagueantes de sus muros.

Pisac

Tras un largo rato de carretera, en el que nuestro conductor nos va contando un montón de anécdotas  y vivencias relacionadas con esta región y con la situación actual del Perú, llegamos a este primer destino,  tranquilo y turístico, en el valle sobre el que asciende la pista hasta el recinto arqueológico de igual nombre.

Parque arqueológico de Pisac.

En el aparcamiento junto a la pista, los sencillos puestos de artesanías, comidas, zumos, bebidas y refrescos delimitan el camino hasta el punto de entrada al recinto histórico. Mostramos nuestra boleta y traspasamos el torno que nos traslada a otro mundo.

Puestos de artesanías, comidas y bebidas, en la entrada de las Ruinas de Pisac
Puestos de artesanías, comidas y bebidas, en la entrada de las Ruinas de Pisac

Los muros de piedra del poblado Inca y las angostas callecitas que van dando acceso a los distintos habitáculos, pequeños y austeros, en los que los antiguos pobladores desarrollaban su vida cerca de las terrazas de cultivo, no dejan de sorprendernos.

Las terrazas de cultivo descienden hasta el valle desde el poblado de Pisac
Las terrazas de cultivo descienden hasta el valle desde el poblado de Pisac

Las vistas, desde tan elevada altura, son espectaculares. Tenemos que tomarnos la visita con calma, ya que estamos a cerca de 4000 m.s.n.m. y resulta agotador el ascenso a cada uno de los recintos que trepan por las laderas de la montaña.

Constricciones incas en el parque arqueológico de Pisac
Vamos parando de poco en poco para tomar fotos que, mínimamente, son capaces de plasmar la grandiosidad panorámica que se despliega ante nuestros ojos.

[caption id="attachment_6591" align="aligncenter" width="800"]Llamas, alpacas y otros camélidos pastan tranquilamente entre los restos arqueológicos. Llamas, alpacas y otros camélidos pastan tranquilamente entre los restos arqueológicos.

Por el camino, llamas y alpacas pastan tranquilas los verdes brotes de hierva que crecen entre las piedras. Más arriba, en lo alto, una indígena teje y vende sus artesanías a los visitantes que por allí vamos pasando para asomarnos a contemplar la infinita sucesión de terrazas que descienden a nuestros pies.

Una mujer india vende sus artesanías en lo alto de las ruinas de Pisac
Una mujer india vende sus artesanías en lo alto de las ruinas de Pisac

Mercado de artesanias.

Tras la visita al parque arqueológico, nuestro conductor desciende la serpenteante carretera que nos devuelve a la población, en el valle surcado por el Río Vilcanota.

Mercado Artesanal junto a la plaza de Pisac
Mercado Artesanal junto a la plaza de Pisac

La plaza y las calles del damero central.

Llegamos a la plaza principal. La iglesia, de trazas sencillas, está cerrada. En un a de las calles que desembocan a ella se sitúa, caminando unas decenas de metros, el mercado artesanal.

Plaza principal de Pisac, con la Iglesia dominando el recinto.
Plaza principal de Pisac, con la Iglesia dominando el recinto.

Caminamos hasta él y nos sumergimos en un repleto espacio de mercancías que cuelgan desde el techo al suelo. Tejidos, ornamentos, adornos, especias, y toda clase de cachivaches de vivos colores u olores, abarrotan los puestos.

El colorista y exótico mercado de artesanías de Pisac
El colorista y exótico mercado de artesanías de Pisac

No llama la atención uno exóticos belenes de estilo andino. Charlamos con chica que regenta el puesto y nos llevamos uno que nos envuelve cuidadosamente en papel de periódico.

Las estrechas y coloridas calles de Pisac, repletas de negocios y restaurantes,
Las estrechas y coloridas calles de Pisac, repletas de negocios y restaurantes,

Ya en la calle, vamos recorriendo la cuadrícula de callecitas empedradas, repletas de tiendas, restaurantes de toda condición, barcitos y terrazas interiores.

En un patio interior , un horno prepara panes, empanaditas y asa cuis
En un patio interior , un horno prepara panes, empanaditas y asa cuis

Todo es muy colorido y agradable de visitar además del animado trasiego de gentes, principalmente indígenas que van de acá para allá.

Terrazas y patios interiores en Pisac, donde se puede tomar un café o comprar artesanías y textiles
Terrazas y patios interiores en Pisac, donde se puede tomar un café o comprar artesanías y textiles

Urubamba.

Continuamos viaje hasta Urubamba, donde pararemos a comer en un restaurante de la plaza que nuestro amigo José nos ha recomendado.

El lugar es muy bonito, en la planta alta dispone de un elegante y tranquilo comedor con una larga balconada que se asoma al centro de la plaza. Todo lo que nos sirven nos resulta delicioso. Al final comemos en una terraza que da a un fresco atrio interior.

La Plaza de Armas.

Mientras comemos, escuchamos gran algarabía en el exterior. Un nutrido grupo me indios marcha hacia la Municipalidad protestando airadamente. En la puerta, policías bien pertrechados contienen a los manifestantes. Por momentos se tensa la situación, aunque al final parece que todo se va relajando.

Nos acercamos a ver de primera mano el conflicto y, de paso, a fotografiar la plaza, la iglesia y las calles aledañas. Nuestro conductor acude a recogernos a la hora acordada y continuamos hacia la siguiente etapa del día.

 

Ollantaytambo.

Tanto el recinto arqueológico como el pueblo que se extiende al pie son un interesante enclave a visitar y, como es nuestro caso, cenar y poner fin a la jornada.

Las ruinas Inca.

En esta ocasión el recinto arqueológico que visitamos está formado por los restos una enorme fortaleza inca con grandes terrazas de piedra que se elevan por la pared de la montaña hasta llegar al de este complejo coronado por el enorme Templo del Sol y la fuente de los Baños de la Princesa.

Desde lo alto oímos los pitidos del tren de Perurail, procedente de Machu-Picchu, que discurre por el valle, junto al Río Vilcanota.

Junto al acceso al recinto arqueológico, un animado mercado de productos de la región se extiende por la explanada hasta la Iglesia de Santiago Apóstol. Mas allá, Restaurantes, cafeterías, heladerías y tiendas variadas llenan la calle que atraviesa un rústico puente que da acceso al pueblo.

La plaza y las callejuelas de la ciudad incaica.

La ajardinada Plaza de Armas de la localidad está llena de terrazas con restaurantes que empiezan a llenarse para las cenas. Las estrechas y rectas calles peatonales que salen de ella, hacia el norte, dan acceso a la cuadrícula (damero) de manzanas que forman el pueblo.

Los muros y empedrados parece ser que son los originales de la etapa Inca, y sobre ellos se modificaron las construcciones adaptándose al posterior urbanismo que los españoles trajeron durante la época virreinal.

La noche ya ha caído y nos sentamos a cenar en uno de los restaurantes de la plaza. Hace bastante calor y el ambiente en la calle es bullicioso. Hacemos algunas compras en una sencilla tienda local a una cuadra de la plaza. Allí nos espera nuestro conductor para llevarnos a dormir a la Casa Kusi que nos prestó nuestro amigo José en Urubamba.

 

Maras

Tras desayunar, nuestro conductor pasa a recogernos por la casa y nos lleva hacia la Salinera de Maras, atravesando las carreteras del tranquilo altiplano andino.

 

El pueblo y su plaza.

El pueblo de Maras es muy rustico y tranquilo. En sus calles, desiertas, se suceden los portalones de piedra , bien trabajada, de las distintas viviendas.

Casas rústicas de barro con puertas de piedra en Maras
Casas rústicas de barro con puertas de piedra en Maras

Me resulta interesante ver la calidad constructiva de estas puertas en comparación con lo rústico del entorno. Supongo que el extendido uso del barro para la elaboración de fachadas obedece más a una necesidad de aislamiento térmico en estas tierras de clima extremo.

La plaza, muy sencilla igualmente, tiene un monumento muy sencillo donde se representan los lugares más representativos de la región, y que visitaremos a lo largo de la jornada.

La salinera de Maras.

En la provincia de Urubamba, a unos 3200 m.s.n.m. brotan desde el subsuelo de la montaña Qaqawiñay las aguas que alimentan las más de 3000 terrazas o andenes de distintos tamaños que retienen el agua que, tras evaporarse, dejarán cristales de sal.

Las terrazas (andenes o pozas) donde el agua salada va evaporándose para dejar la preciada sal.
Las terrazas (andenes o pozas) donde el agua salada va evaporándose para dejar la preciada sal.

Después, los trabajadores irán raspando la sal con un trozo de madera y la van colocando en pequeños cestos, para terminar eliminar de eliminar la humedad sobrante. Pasados unos días, se vuelve a abrir el paso de agua a la terraza y el proceso comienza de nuevo.

Trabajadores de la Salinera de Maras extrayendo la sal a cestas.
Trabajadores de la Salinera de Maras extrayendo la sal a cestas.

La leyenda cuenta que las aguas saladas que manan de la montaña son las lágrimas de Ayar Cachi. Dentro de la mitología Inca, este era uno de los 4 hermanos y hermanas que el Dios Wiracocha hizo salir de una cueva para fundar el gran imperio Inca.

Un panel cuenta la leyenda de La Salinera de Maras frente a las terrazas de agua.
Un panel cuenta la leyenda de La Salinera de Maras frente a las terrazas de agua.

Ayar Cachi lanzó una piedra a una montaña formando una quebrada. Sus hermanos, temiendo su fuerza y poder, lo encerraron con engaños en la cueva evitando compartir la fundación del imperio. Las lágrimas de este personaje formaron las pozas que luego el sol secó transformándolas en los salares.

Mural de entrada a La Salinera de Maras
Mural de entrada a La Salinera de Maras

A la entrada del complejo, un colorido y enorme mural recrea el uso de la sal en el mundo Inca, entre imágenes icónicas de su cultura.

Capilla en la Salinera de Maras.
Capilla en la Salinera de Maras.

Desde allí se desciende por unas escaleras hasta una pequeña iglesia y una terraza ofrece la panorámica desde la que observar con más cercanía el proceso de producción de sal.

Frente a las terrazas de La Salinera de Maras
Frente a las terrazas de La Salinera de Maras

Moray

El centro de experimentación inca.

Aunque no se conoce con certeza su utilización, la hipótesis más extendida es que este lugar fuera un centro de investigación agrícola incaico donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas.

Acceso al recinto arqueológico de Moray
Acceso al recinto arqueológico de Moray

Algunos, como nuestro conductor, desconfían de manera argumentada de esta tesis, si bien, lo que es indudable es que es un lugar especial.

Las estructuras circulares de Moray.
Las estructuras circulares de Moray.
Su estructura está formada por un sistema de enormes terrazas agrícolas circulares y concéntricas que se asemejan a un anfiteatro. Estas terrazas podían generar hasta 20 microclimas distintos dependiendo de la profundidad y nivel de la terraza, provocando variaciones de varios grados y permitiendo simular diferentes condiciones ecológicas ,en un solo lugar, para facilitar la adaptación y aclimatación de diversas plantas a la altura andina.
Recorriendo Moray bajo la lluvia.
Recorriendo Moray bajo la lluvia.
El fondo de cada terraza cuenta con un sofisticado sistema de drenaje natural que evita las inundaciones a pesar de ser zona de fuertes lluvias. Unos escalones de piedra empotrados en las paredes (sarunas) para pasar de unas terrazas a otras.
Terrazas de Moray
Terrazas de Moray

Paisajes del camino.

El camino hacia Moray es una basta llanura elevada. La planicie, verde por las lluvias de los últimos días, no está muy arbolada.

El altiplano en el que se ubica Moray
El altiplano en el que se ubica Moray

Tan solo algunas rusticas poblaciones con casas mayoritariamente de barro interrumpen las praderas. También encontramos algún restaurante y varias granjas. Pero todo este ambiente tranquilo pronto puede cambiar.

Praderas tranquilas de camino a Moray
Praderas tranquilas de camino a Moray

Vemos como grandes maquinarias están removiendo el terreno en algunos lugares para construir alojamientos e infraestructuras. La construcción de un gran aeropuerto en Urubamba puede que traiga un importante cambio no solo en aquel municipio, sino en toda la región.

Alguna granja y algún restaurante entre Urubamba y Moray.
Alguna granja y algún restaurante entre Urubamba y Moray.

 

Chinchero

Llegamos a este lugar casi al medio día. Las calles de población están desiertas. Entramos en un negocio y compramos algunas prendas a muy buen precio. La mujer que nos atiende, una simpática india de cierta edad, nos comenta que somos su primera venta del día.

Una extraña sensación se apodera de mi mientras recorro sus callecitas empedradas subiendo hacia la plaza. Siento como si el tiempo se hubiera detenido. Literalmente, los minutos parecen horas. Es esa sensación tan especial que a veces siento mientras viajo a lugares recónditos, y que tanto me agrada. En esos momentos, más que en ningún otro, te sientes dueño de tu tiempo, a diferencia del resto de días, que se escapan entre los dedos.

Los restos del asentamiento inca.

La amplia zona arqueológica inca conserva en bastante buen estado lo que fue un complejo de palacios, construidos para la élite, diseñado el inca Túpac Yupanqui. Estamos completamente solos, a 3800 m.s.n.m., sentados en una verde pradera con unas vistas fantásticas de los verdes campos y las rojas casitas de barro, rodeado el inmenso valle por altas montañas, todo ello bajo un soberbio cielo azul salpicado de algodonosas nubes blancas.

La iglesia y el Pueblo.

Sobre las ruinas incas se levanta una gran iglesia, sencilla de trazas, pero con una monumental portada artísticamente pintada. Su estado de conservación es penoso. Unos carteles anuncian su remodelación. Como casi en todos los lugares que hemos visitado, la iglesia se encuentra cerrada. En la plaza que se abre a sus pies, media docena de indias, sentadas en el suelo, tienen extendidas unas telas sobre las que exponen sus mercaderías para la venta.

Una pequeña dependencia municipal alberga un sencillo museo con algunos paneles que explica, a grandes rasgos, la importancia del lugar y sus avatares históricos, no sin cierta carga política.

Paseamos por sus desiertas calles empedradas, largas, rectas y estrechas. Flanqueadas por muros de estilo incaico. Alguna tienda, vistosos portalones e incluso una muy humilde ermita, pero nadie nos cruzamos durante el paseo. Disfruto a mi antojo de tomar algunas fotos, aunque la altura y el calor intenso nos hacen sentir cansados.

El mercado artesanal y otras dependencias.

Al salir de la plaza, acaban de abrir el recinto parroquial. Un pequeño grupo de lugareños se han reunido en su patio interior para una asamblea vecinal. Pido permiso para entrar a curiosear el interior. Se trata de un humilde patio con la casa del cura unos pocos elementos cristianos y aun pobre salón. Los vecinos, pobremente vestidos, charlan discretamente mientras espera el comiendo de la reunión.

Al pie del Chinchero, un enorme mercado artesanal, cerrado, sugiere que en ciertos días, la localidad se llena de vida y actividad.

 

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Icono Restaurante Donde comer:

  • Casa Colonial Restaurante & Bar: (Urubamba). Cocina peruana.
  • Migas del Valle: (Urubamba)
  • Cervecería del Valle: (Pachar)
  • Latente: (Ollantaytambo) Café.

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Icono Ruta Ver también (de este viaje):

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