Toscana Veneto 2013. Parte III: Del Veneto a la Lombardía.

Un regreso gradual.

A la mañana siguiente cargamos el equipaje sobre la moto y arrancamos en dirección noroeste encarando la que es la última fase de nuestro viaje por tierras Italianas. Por delante aún nos quedan unos cuantos lugares y días para visitarlos si bien ya vamos retornando hacia el barco que nos devolverá a España

Verona

Pronto alcanzamos la ciudad famosa por el romántico amor de Romeo y Julieta. Pero si bien es universalmente conocida por esta trágica historia, lo cierto es que la ciudad alberga unos impresionantes restos de su pasado romano, en un estado de conservación fantástico, así como un buen número de iglesias, fortificaciones y palacios de distintas épocas. Toda la ciudad es una joya y el ambiente es divertido y acogedor. Comemos, bebemos y disfrutamos hasta bien entrada la noche, que regresamos al hotel.

A la mañana siguiente salgo a correr por caminos entre huertas y praderas verdes. Al llegar a un pueblo cercano los niños están llegando al colegio de la mano de sus mamás. Más adelante me encuentro la plaza principal con una monumental iglesia: entro  un segundo a admirarla. Italia impresionante te encuentres donde te encuentres…. De regreso una ducha y un buen desayuno y ya mediada la mañana partimos hacia Milán.

De camino, sobre la marcha, decidimos dejar la capital lombarda para otra ocasión y poner rumbo al norte, hacia el Lago di Como.

 

900px-Flag_of_Lombardy.svg En Lombardía.

Lago de Como.

Empleamos buena parte de la jornada en recorrer largas llanuras de carreteras rectas y rápidas para después empezar a escalar las serpenteantes vías locales que nos adentran en los Alpes Italianos. Esa noche nos alojaremos en San Fedele Intelvi, en lo alto de las montañas, aunque bajaremos a cenar y recorrer las localidades ribereñas que se asoman al gran lago. El paisaje es bellísimo y los pueblos cuidados, hermosos y tremendamente tranquilos, quizás demasiado.
Hubiéramos deseado tener algún día más de margen para habernos adentrado en Suiza, de la que nos separaban escasamente 40 kilómetros, pero la fecha de embarque estaba ya cumplida y teníamos que llegar a media tarde a Génova así es que si más demora nos pusimos en camino y cubrimos con agilidad los kilómetros que nos faltaban.

 

Génova.

A medio día llegamos a la ciudad con el tiempo suficiente para comer con tranquilidad, descansar un rato en el paseo marítimo y después dirigirnos a las instalaciones portuarias para comenzar con el papeleo del embarque que, no sé si por desconocimiento de la lengua o por la dispersión de las dependencias, me resultaron verdaderamente caóticas y estresantes. Al fin conseguí, con la lengua fuera, tenerlo todo dispuesto a tiempo para de nuevo abordar la panza del buque y comenzar un viaje de regreso similar al que nos trajo: rodeado de musulmanes.

En barco hacia España.

La travesía de regreso poco distó de la que ida, salvo por el hecho de que esta vez veníamos ya advertidos y por tanto nada nos pilló de improviso. Buscamos donde montar el campamento, disfrutamos en la terraza de las horas de luz que restaban, nos acomodamos en el restaurante, sin prisas de terminar la velada y después curioseamos un poco el espectáculo y nos retiramos a dormir.

Llegando a casa.

Barcelona.

Amanecimos encarando el puerto de Barcelona. El día estaba fresco y pronosticaba lluvia. Al bajar del barco decidimos ir a almorzar puesto que en ese instante comenzaba a llover con cierta fuerza. Tras el almuerzo aparecieron algunos claros que invitaron a ponerse en marcha. Ya a las afueras de la ciudad comenzó a despejarse por completo y a subir la temperatura.

En Lérida, donde de nuevo paramos a comer, el día era completamente veraniego. A media tarde llegamos a Zaragoza en cuyo centro nos alojamos.

 

Zaragoza.

Nos levantamos pronto con el plan de visitar las instalaciones que albergaron la Exposición Universal y que constituyen un área de modernas construcciones rodeadas de bonitos parques. Recorrimos tranquilamente la zona y nos pusimos en camino con idea de llegar lo antes posible a Soria, a la que llegamos a hora temprana de la tarde, motivo por el cual nos costó encontrar donde comer.

 

Soria es demasiado tranquila, poco más que un pueblo y en cuanto supera el medio día queda todo cerrado. Un bocadillo junto a la céntrica plaza de toros y sin mucho demorarnos de nuevo arrancamos para cubrir los últimos kilómetros de viaje.

 

Segovia.

Septiembre está ya muy avanzado y lo notamos enormemente. Las tarde caen muy rápido y aunque se nos han pasado los días volando se aprecia claramente la diferencia de cuando recorrimos estas mismas carreteras durante el viaje de ida.
Hacemos un par de paradas para inmortalizar la hermosa postal que nos regala el atardecer castellano y, con las últimas luces del día nos encontramos a los pies del Acueducto Romano que veinte siglos lleva vigilando la ciudad de Segovia.
Con emociones encontradas nos decimos: ¡Estamos en casa!

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