Capilla del milagro de Empel, Países Bajos.

Corría el 7 de diciembre de 1585, Bommel (Paises Bajos) cuando soldados del Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla, asediados por casi 100 barcos en la isla de Bommel tras la inundación provocada por la ruptura de los diques por el enemigo, excavaban una línea de trincheras alrededor de la Iglesia de Empel decididos a resistir el ataque hasta el final.

Hallazgo de la tablilla de lla Virgen de la Inmuculada

De repente hallaban enterrada una tablilla de madera con el dibujo de una Virgen de la Inmaculada, cuyos colores no se habían marchitado a pesar de la humedad y tierra que tenía sobre sí. Aquel tesoro elevó instantaneamiente el ánimo de los acorralados soldados que, llevando en procesión la tablilla hasta la cercana capilla y colocandola entre las banderas de las legiones se encomendaron a ella.

Caída la noche, con la mañana vino el milagro: unas aguas que no se habían helado en siglos se congelaron obligando al grueso del contingente enemigo a retirarse y permitiendo a los españoles cargar y hacer huir a los restos de las fuerzas contrarias.

Batalla de Empel. Las tropas españolas acaban con los rezagados reveldes

Acababa de suceder el «Milagro de Empel», un suceso documentado que evitó la masacre de un Tercio español, hecho que hizo que la Inmaculada terminase siendo la patrona de la infantería española y indujo a los protestantes a decir que «Dios debía ser español». Aquella intervención divina causó mucho revuelo en el siglo XVI y, a día de hoy, es considerado uno de los hechos más curiosos de la Historia militar española.

Los hechos documentados.

El hallazgo de la tablilla con la imagen de la Inmaculada está perfectamente documentado (entre otros) por el historiador del siglo XVI Famiano Estrada en su obra «Segunda Decada de las Guerras de Flandes: Desde el principio del Govierno de Alexandro Farnese, Tercero Duque de Parma y Placencia».

En palabras del historiador italiano: «En ese momento (cuando el calendario marcaba el 7 de diciembre) encontraron la imagen «de la Madre de Dios de la Concepción».

«Como fi hubiera defcubierto un theforo, acudieron de las tiendas cercanas [los soldados a adorarla]. Maravillandofe de la novedad de la obra, y del colorido tan frefco, como fi entonces acavara de correr por la tabla el pincel. […]. Llevanla pues como en proceffion al templo, y colocanla entre las banderas de las legiones, la adoran pecho por tierra todos; y ruegan a la Madre de los Exercitos, que pues es la que folo podía hacerlo, quiera librar a fus foldados de aquellas affechanzas de elementos y enemigos», destaca el italiano.

La tablilla fue también usada por el sacerdote del Tercio para levantar el ánimo de la tropa. «El Padre Fray García de Santisteban hizo luego que todos los soldados le dijesen un Salve, y lo continuaban muy de ordinario. […) Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien (que por intercesión de la Virgen María) esperaban en su bendito día […]. Quedaron tan consolados lo sitiados españoles después de haber dicho la Salve […] que no sentían tanto el hambre» completa el soldado y cronista de los Tercios Alonso Vázquez (contemporáneo del milagro) en su libro «Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnese».  Aquella devoción obró el milagro.

 

El cuadro de Ferrer-Dalmau «La Virgen de Empel»

El pintor de batallas, fiel a su minuciosidad en lo que ha vestimenta y armamento se refiere, presenta en su lienzo a un militar con la tradicional banda roja que el Ejército llevaba para diferenciarse del enemigo. Una insignia que los piqueros (o, los sargentos -armados con alabarda-) solían llevar en el asta de sus armas y que se mantuvo hasta el siglo XVII, cuando se empezaron a usar (por reglamento) algunas casacas de ese mismo tono.
«Ferrer-Dalmau representa en ésta escena a varios soldados vestidos con la moda militar de la época de Alejandro Farnesio y la “Felícisima Armada”. Un oficial con gola blanca y la banda roja cruzada al pecho, acompañado por un sargento con su alabarda, supervisa el hallazgo de los tres soldados, que retiran la tabla del barro con sorpresa y cuidado. No vemos aquí chambergos, botas francesas ni pantalones venecianos, como en la época de Felipe IV, si no sombreros de castor o de copa redonda, borceguíes y gregüescos altos», añade el historiador David Nievas Muñoz como asesor histótico del pintor.

 

 

El Lugar: Empelsedijk 17, 5235 AD ‘s-Hertogenbosch, Países Bajos

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