República de Serbia – Viaje al corazón de los Balcanes.

Serbia se extiende por el centro de la región geográfica que conocemos como los Balcanes, una zona con una historia combulsa desde la antiguedad, encrucijada de caminos entre oriente y occidente. En la actualidad, el país se encuentra dividido entre un sentimiento de nacionalismo agraviado (por occidente) y un deseo de mirar hacia el futuro para dejar de lado las viejas diferencias con sus vecinos, apostando por la prosperidad que aporta el giro a políticas pro-occidentales.

Los innumerables conflictos que conforman la historia de Serbia, y más recientemente los acontecidos sufridos desde los años 90 del siglo pasado están muy presentes aun hoy en la fisionomía del país y particularmente en Belgrado. Atravesar Serbia supone una aventura repleta de contrastes que no deja indiferente al viajero. Los cambios de manos que estos territorios han sufrido alternado periodos de independencia y otros de pertenencia a imperios como el Otomano, Austro-Húngaro y en la órbita soviética, así como las distintas influencias religiosas han dejado interesantes vestigios en sus territorios.

 

Conocer el país

Partiendo desde la frontera norte con Hungría hasta llegar al sur, cerca de Bulgaria, la ruta ofrece unos cuantos destinos de gran belleza e interés a lo largo de unos 500 kilómetros:

La Serbia rural

Todavía es habitual que la gente recoja la cosecha a mano. Aun se conserva intacta la tradición de la agricultura familiar porque, a diferencia de la mayor parte de los territorios con un régimen comunista, esta república que fuera la dominante de la Yugoslavia socialista, prácticamente no fue objeto de la colectivización.
En la actualidad abundan los arcaicos tractores, pequeños y oxidados, circulando por pequeños caminos y poblaciones en los que se cultiva principalmente maíz.

Trenes deshechos por el oxido y cubiertos de vegetación se suceden abandonados a lo largo de la infraestructura ferrea de todo el país.

Igualmente es común a todas las poblaciones la existencias de complejos industriales abandonados, semi-hundidos y oxidados. Pero quizás lo que más llama la atención son los cientos de miles de convoyes ferroviarios que un día, hace ya muchos años, quedaron parados en algún punto de sus vías y desde entonces permanecen allí, hoy ya devorados por la vegetación y la oxidación tras décadas de inmovilización.

 

Belgrado, la capital.

Como en muchos otros países, la disparidad entre la capital y el resto del territorio es inmensa. Si la Serbia rural vive atrapada en un retraso de décadas, su capital Belgrado, es una ciudad que trabaja por abrirse paso a la modernidad. La extensa urbe tiene cerca de 2 millones de habitantes y esta rodeada de barrios marginales de enorme pobreza. En su área central se entremezclan edificios neoclásicos recuperados, construcciones de la era soviética, decadentes infraestructuras deterioradas pertenecientes a su pasado socialista y un importante conjunto de elementos históricos y culturales que van desde su pasado romano, pasando por sus vestigios medievales, otomanos, y más recientemente rusos.
La que fuera la cosmopolita capital de la Yugoslavia de Tito intenta recuperar el empuje económico y cultural, después de la guerra y de años de penurias. Sus calles e infraestructuras está profusamente cubiertas de pintadas trasmitiendo un aspecto un tanto degradado a muchas zonas de su área central.

Fachadas densamente cubiertas de pintadas en el centro de Belgrado

Sin embargo, la sombría decadencia postcomunista no es el único rostro que la ciudad muestra al mundo. En muchas zonas del casco antiguo de Belgrado hay calles elegantes, con fincas del siglo XIX rehabilitadas.
Las fortificaciones, dominan la confluencia del Danubio y el Sava.

Fortaleza de Belgrado, dominando el paso del Danubio

En el complejo se sitúa también un museo militar y una interesante colección de carros de combate, y cañones de distintas épocas, al aire libre que se pueden visitar gratuitamente.

La ciudad tiene además, un importante número de templos Ortodoxos pero sin duda, el más impresionante es el de San Sava, una visita ineludible.

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Templo de San Sava

Otra interesante visita es la de sus mercados como el de Zeleni Venac, en el centro de la ciudad, el Museo Tesla, así como los restos visibles de los edificios bombardeados por la OTAN durante la guerra de Kosovo del año 1999, como los del Cuartel General del Ejército Yugoslavo.

Cuartel General del Ejército Yugoslavo bombardeado por la OTAN durante la guerra de Kosovo

Los últimos años, de lenta recuperación, ha permitido un buen abastecimiento de los comercios de la ciudad. Los ingresos en Serbia aumentaron considerablemente en los últimos años, mientras el crecimiento económico alcanzaba el 7% anual. Aunque se ven mucha pobreza e inmigración por las calles y parques, la cantidad de coches extranjeros de gama alta y otros artículos de lujo va en aumento y se arraiga el consumismo. Aparecen en sus avenidas principales, modernas y amplias zonas de ocio. 

Merece la pena además, probar su gastronomía en la que predominan las carnes asadas y las ensaladas. Los platos son sabrosos y bastante económicos.

Subotica

La ciudad de estilo Art Nouveau (denominado como “estilo de la secesión”), es la quinta ciudad más grande de Serbia, con cerca de 150.000 habitantes. Es una ciudad multiétnica y su población está compuesta por húngaros (34,99%), serbios (27,85%), bunjevcis (10,87%), y croatas (10.43%) como los grupos étnicos más grandes.

El Ayuntamiento: Sus elementos decorativos de la secesión están enriquecidos por los matices románticos del folclore húngaro: patrones de flores estilizadas, elementos florales de cerámica y hierro forjado. La Gran Sala del Consejo con sus espléndidas vidrieras de colores es el corazón del edificio. La torre panorámica con 45m de altura ofrece una vista fabulosa.

El Palacio Raichle:  La inusual combinación de colores y materiales de su fachada, el dinamismo de las formas, el interior y el patio son un ejemplo excepcional de la arquitectura de secesión.

También cabe destacar la Sinagoga, el Palacio Demeter, el Antiguo Hotel del Cordero Dorado, el Palacio Leovíc, el edificio de la Antigua Caja de Ahorros de Subotica, la Torre del Agua, La Terraza Grande y el área de la Playa de las Señoritas.

Novi Sad

“Nuevo Jardín” en serbio, es una ciudad norteña de algo mas de 300.000 habitantes, la segunda mayor del país, que cuenta con un interesante patrimonio cultural: Fortificaciones, Catedral y templos católicos y ortodoxos, una bella (ex)sinagoga, plazas y palacios.  La ciudad tiene una historia larga y accidentada, ya que estuvo bajo el dominio de los pueblos celtas, romanos, francos, bárbaros y turcos antes de formar parte de los Habsburgo. Era conocida como Petrovaradin.

Enclavada en la cima de un acantilado ribereño, gran parte de la fortaleza de Petrovaradin data de los siglos XVII y XVIII. Tiene, además, una emblemática torre del reloj y una red de túneles. Al otro lado del río está el barrio antiguo (Stari Grad), donde se erigen la iglesia neo-gótica del Nombre de María y el ayuntamiento neo-renacentista.
Sinagoga de Novi Sad
Las pintorescas calles de Zmaj Jovina y Dunavska, repletas de cafeterías y tiendas, recorren el barrio antiguo Stari Grad. Entre los lugares de referencia está la sinagoga de Novi Sad, construida a principios del siglo XX y que ahora acoge eventos culturales. A orillas del Danubio se encuentra la playa de Štrand, y el parque del Danubio es un lugar ideal para relajarse. A las afueras de la ciudad, gran parte de la montaña de Fruška Gora está reconocida como parque nacional protegido. En sus laderas se erige el monasterio de Velika Remeta y otros monasterios de la Iglesia ortodoxa serbia.

 

Sremski Karlovci

La pequeña Ciudad Barroca de a penas 9.000 habitantes, cercana a Novi Sad, tiene como enclaves interesantes la Catedral de San Nicolás, construida en 1758 en un estilo barroco y el primer Instituto de Serbia que data de finales del siglo XVIII y posee una biblioteca que alberga 18.000 libros.

Se puede admirar también la fuente de los Cuatro Leones, edificada en 1799 para celebrar la puesta en marcha del servicio de canalizaciones de la ciudad.

 

Smederevo

Fue construida para reemplazar a Belgrado como capital del país que, tras la muerte del Déspota Stefan en 1427, había vuelto a ser ocupada por los húngaros y albergaría la residencia permanente del Déspota Đurađ Branković. La Fortaleza de Smederevo domina la gran meseta que se forma en la confluencia de los ríos Danubio y Jezava. Fue construida con gran esfuerzo y es el último logro importante de la arquitectura militar serbia.

Los turcos la ocuparán en el año 1439, para ser devuelta al Déspota Đurađ en 1444. Definitivamente cayó en manos turcas en el año 1459, que también marca la caída del estado medieval serbio. Durante el año 1480 los turcos fortalecieron las fortificaciones añadiendo tres torres bajas octogonales de artillería en las esquinas, unidas por una pared externa. La pequeña ciudad y los grandes suburbios tienen fosos llenos de agua fuera de las murallas. El ejército turco dejó Smederevo en el año 1867 cuando ésta, junto con otras seis ciudades serbias, fue entregada al Príncipe Mihailo.

 

Niš

Una de las más antiguas ciudades de los Balcanes. Ciudad natal (Naissus) del Emperador romano Constantino I el Grande, legalizador de la religión Cristiana por el Edicto de Milán (313d.c) y refundador de Bizancio (La actual Estambul) a la que bautizó como Constantini-polis (Constantinopla).

Esta ciudad fue, durante siglos, considerada una encrucijada de caminos, puerta entre el Este y el Oeste, conectando el Asia Menor con Europa, lo cual ha hecho que haya cambiado innumerablemente de manos siendo romana, goda, húngara, búlgara, turca-otomana y serbia. En ella tuvo lugar la batalla más importante y sangrienta del siglo III, en la que Roma expulsó a los Godos salvaguardando el imperio durante dos siglos.

Tampoco se libró de la pesadilla Nazi, albergando a sus afueras un campo de concentración (Crveni Krst, en español, Campo de concentración de la Cruz Roja) que actualmente puede visitarse.

La torre de las calaveras

Los turcos-otomanos construyeron la Torre de las Calaveras (Ćele Kula o también conocida como Torre de Čegar) después de una sangrienta batalla, en mayo de 1809, y la adornaron con cabezas cortadas de soldados serbios que se rebelaron contra el dominio turco, presentes durante más de cuatrocientos años en la zona. El comandante turco mandó construir este siniestro monumento, junto al camino de Constantinopla, cerca de la ciudad de Nis al sudeste de Serbia, con la idea de disuadir a la población de más insurrecciones. Un total de 952 cráneos fueron colocados en tan macabra construcción. En lo alto de esta se encontraba la calavera del comandante Stevan Sindelic. Las cabelleras de todas las cabezas fueron enviadas al sultán como prueba de la victoria.

Rodeada por una capilla construida en 1892 con donativos de toda Serbia para proteger lo que quedaba del monumento, actualmente alberga tan solo hay 58 calaveras. Muchas de ellas fueron robadas por los parientes de los muertos para poder enterrarlos. El cráneo del comandante Stevan Sindelic sigue aun allí.

 

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